¿Por què?

«Una vez empezamos a pensar, nadie sabe qué puede surgir de esta actividad, excepto que muchas cosas, objetivos e instituciones acabarán probablemente alteradas. Todo pensador pone en peligro una pequeña parte de un mundo aparentemente estable, y nadie puede predecir qué surgirá, entonces, en su lugar». John Dewey

La escuela pública: declive intencionado

Los centros educativos no son —no deberían ser— centros asistenciales que entretienen a los alumnos, mientras esperan que los padres y madres acaben de trabajar.

Tampoco son hospitales sociales, que tienen que solucionar todos y cada uno de los problemas[52] de la sociedad: la educación sexual, discriminación de género, racismo, la violencia machista, la educación viaria, el incivismo, el uso responsable de internet, la educación emocional, el respeto por el medio ambiente, los valores democráticos, «emprendimiento,» la educación por la paz, el consumismo, etc.

Ni son centros de experimentación con gaseosa pedagógica, a partir de metodologías sin evidencias ni control alguno,[36] muchas de las cuales llevan implícito el desprecio hacia los conocimientos.[9]

Esta política educativa, promovida por activa o por pasiva, por las respectivas Consejerías de Educación, restan tiempo de dedicación a los conocimientos, a la propedéutica que, sumado a la reducción de su nivel de exigencia, apenas alcanza unos mínimos que se alejen de la ignorancia.[16]

Este fenómeno, totalmente intencionado, va en contra de los alumnos más desfavorecidos, puesto que no pueden asumir el coste de lograr estos conocimientos por una vía alternativa. [14]

Además, esta situación favorece a los centros de educación privados y concertados, los cuales permanecen como los únicos que imparten, prioritariamente, estos conocimientos y, por lo tanto, disponibles, exclusivamente, para los hijos de las familias que se lo pueden permitir.

Paralelamente, los centros privados y concertados[34] no dejan de recibir favores administrativos, de las instituciones públicas,[33] que acaban convirtiéndose en favores económicos.

A todo esto se debe sumar el aprobado general y la inflación de calificaciones, habitual, como se discute en el apartado «si no quieres problemas, apruébalos a todos»
 
En conjunto, el objetivo consiste en destruir la educación como motor del ascensor social.[53] De forma que los estratos sociales superiores sean exclusivos de las clases sociales, que la «naturaleza» ha reservado para ellas, ahorrándose la competencia de unas clases sociales inferiores, con una educación superior y mejor preparada. 
 
Bienvenidos a la «heredocracia».

De las editoriales a las Big Tech

A finales del siglo XX y principios del XXI, la educación estaba al servicio de las grandes editoriales (pág. 78)[2]. Las familias tenían que hacer frente a los gastos de la renovación de libros, que apenas consistía en cambiar la cubierta.

Actualmente, se ha añadido la compra del portátil, habitualmente un Chromebook, a menudo costeado por las instituciones públicas para favorecer, con nuestros impuestos, la cuenta de resultados de Google.

A lo anterior, hay que añadir la retahíla de aplicaciones «educativas» y «gratuitas», que las grandes Big Tech ofrecen para que, los docentes más «modernos e innovadores», les proporcionen todo tipo de datos de los alumnos. Estos son utilizados para construir «patrones» de comportamiento y de aprendizaje, con los cuales entrenan las respectivas IA con fines comerciales, y con la intención de manipular la voluntad de las personas,[2] como demostró el escándalo Cambridge Analytica.

Incluso, estas multinacionales, agrupadas en la corporación CAST, adaptaron a la enseñanza una metodología, denominada DUA, que comporta el uso de un conjunto de aplicaciones, con las intenciones mencionadas. Su exitosa promoción convenció a las autoridades educativas, las cuales la acabaron imponiendo a través de la ley,[15] y mediante los cursos de formación del profesorado, impartidos por organismos como los CEP, los sindicatos y las mismas Consejerías de Educación.

Por otra parte, el 2024, después de más de una década de la entrada masiva de internet en los centros educativos, INTEF encontró adecuado publicar unas orientaciones sobre la protección de la privacidad en el ámbito educativo. Un ejemplo claro de la vocación de servicio público de las instituciones educativas.

No desprecien el talento de los docentes

El sistema educativo es un auténtico desastre.[6]

Empezando por el follón legislativo, con modificaciones cada cambio de gobierno; la incompetencia de las administraciones educativas; la desorientación docente impulsada por los cambios metodológicos,[9][44] sin evidencias científicas;[35][38] la deficiente formación pedagógica del profesorado;[10] tanto la inicial como la continua; la inexperiencia práctica de los docentes de las Facultades de Educación, que enseñan a los futuros maestros, sin haber vuelto a poner un pie, en un centro educativo, desde que fueron alumnos;[10] la baja calidad pedagógica de los equipos directivos;[12] las ratios elevadas;[12] la carencia de evaluación del profesorado; la invasión burocrática;[11] la sobreprotección familiar[6] y escolar de los estudiantes;[3] la sobrecalificación[23][24] del alumnado, opuesta a los bajos resultados que obtienen en las pruebas internacionales;[39] la absoluta carencia de idoneidad de las pruebas de oposiciones en el cuerpo docente;[45][49[ etc.

Pero, que los responsables de la educación sean incapaces de aprovechar el talento de los docentes, no significa que no tengan.

Escuela Virtual pone a disposición de la enseñanza el talento de los docentes que lo quieran compartir. Para que, así, los alumnos puedan aprender al margen de este sistema que lo desprecia.

Aprovechemos el voluntarismo y el sobreesfuerzo[2] de los docentes, no para apuntalar más tiempo un sistema en ruina, sino para construir una alternativa de calidad, que dé vergüenza a todos aquellos que se llenan la boca con la palabra «vocación».

Esta alternativa es la que quiere representar Escuela Virtual.

Docentes sí, militantes no

«[…] el carácter competencial de este currículo invita al profesorado a crear tareas interdisciplinares, contextualizadas, significativas y relevantes y a desarrollar situaciones de aprendizaje donde se considere al alumnado como agente social progresivamente autónomo y gradualmente responsable de su propio proceso de aprendizaje.«[15]

«El papel del docente es fundamental, dado que tiene que ser capaz de diseñar tareas o situaciones de aprendizaje que permitan la resolución de problemas, la aplicación de los conocimientos aprendidos y la promoción de la actividad de los estudiantes».[14]

«[…] Si en el transcurso de este proceso, toda la tarea de regulación recaía en el educador, el trabajo que comportaba era demasiado arduo para que se pudiera llevar a cabo con éxito. En un contexto de experimentación siempre se está dispuesto a dedicar más horas de las habituales, pero no es posible mantener dicho ritmo durante mucho tiempo (pág. 10).»[2] .

«[…] Aun así, se ha podido constatar que es muy difícil que el profesorado pueda elaborar buenos materiales didácticos debido, amén de otros problemas, especialmente, a la falta de tiempo (pág. 12).»[2].

Los docentes no tenemos la obligación de ser militantes de la educación. Como los médicos, por ejemplo, tampoco trabajan, de forma ordinaria, igual que en el periodo de la pandemia de la COVID. Y nadie, por este hecho, los acusa de carencia de vocación.

Además, siguiendo la analogía médica, a los médicos (docentes), además de atender, cada día, a los pacientes (alumnado), nadie les exige que inventen los tratamientos o medicamentos (diseño de los recursos didácticos), en función de la enfermedad que padecen.

En cambio, en el entorno educativo, se ha pasado a prescindir de los libros, y a que cada docente tenga que crear, diseñar, modificar, buscar, inventar, pensar, adaptar, etc., sus propios recursos.

Como si la creación individual, mezcla, copia directa, o incluso, la fotocopia, pudieran ser superiores a los recursos producidos por un equipo de personas con dedicación exclusiva. Como si los países líderes de la educación, lo fueran, gracias al hecho de que sus docentes son capaces de elaborar unos materiales de una calidad didáctica superior a los del resto del mundo.

Mientras tanto, del que sí que disfrutan estos países es de equipos de profesionales especializados, pertenecientes a instituciones públicas o fundaciones, que elaboran estos materiales. Posteriormente, son publicados por ellas mismas, o por editoriales privadas que ofrecen sus propias versiones. Algunos ejemplos son: OpenSciEdu, NSTA, NSF, SQA, Salters-Nuffield, BSCS, etc.

Es decir, que mientras nuestro sistema educativo hace aguas por todos lados, se responsabiliza[36] a nuestros docentes de llevar a cabo tareas, que serían consideradas extraordinarias, adicionales y estrambóticas, por los profesionales de los países que son admirados por sus resultados educativos. Ellos no aceptarían hacerlas, porque no son su deber, mientras que aquí se les acusaría de falta de vocación.

Burocracia o «burrocracia»

Además del tiempo dedicado a la creación de tareas didácticas y a la regulación —conocer las dificultades de aprendizaje de los alumnos para saber cómo ayudarlos a superarlas—, se debe contabilizar el tiempo dedicado a la elaboración de informes. A pesar de que pueda ser difícil de entender, desde el punto de vista de la Administración la sobreabundancia de burocracia[11] está plenamente justificada.

Aunque la conexión no sea evidente, el exceso de burocracia está relacionado con la ausencia de evaluación de la calidad de la docencia o, si se quiere decir de otro modo, con la ausencia de evaluación de los docentes.[12][13]

La administración educativa tiene una carencia absoluta de personal, con los conocimientos pedagógicos necesarios, para llevar a cabo una evaluación formativa de los docentes.[12]

De hecho, muchas de las personas que ocupan cargos en las instituciones, o en la administración, son antiguos docentes que huyeron de la docencia cansados del que describen como «aguantar adolescentes». Actualmente, también estarían cansados «de aguantar las familias sobreprotectoras» y cansados «de los equipos directivos que las consienten.»

Desde este punto de vista, la evaluación del docente es sustituida por la elaboración de la inmensa burocracia. El buen docente es aquel que cumple con todo el papeleo y, por lo tanto, demuestra interés a los ojos de sus superiores. Al contrario, aquellos que no lo rellenan son los que no muestran interés por la educación, son los malvados.

No se puede estar en misa y repicando. El tiempo que los docentes dedican a la burocracia es el tiempo que no dedican ni a crear tareas, ni a la regulación, ni a la atención de las necesidades del alumnado.

Por otra parte, la introducción de novedades burocráticas, cada cierto tiempo, permite a la Administración aparentar que está «manos a la obra», fingiendo que «hace cosas», que «trabaja» para mejorar el sistema educativo. Es decir: aparentar que todo cambia para que, realmente, todo siga igual.

Alumnos sobreprotegidos

La sobreprotección[20] de los hijos, por parte de sus progenitores, va camino de ser la pandemia más larga, y con consecuencias más nefastas, que la COVID.[*]

La sobreprotección no queda aislada al ámbito familiar. Se extiende en el mundo educativo.

Los alumnos sobreprotegidos no toleran las frustraciones —habitualmente por las calificaciones— ni la autoridad de los docentes, porque los padres y madres han renunciado a tenerla.

Entonces, cuando en los centros educativos se genera una situación que no les favorece, se crea un conflicto. Este llega a las familias que, sin dudarlo, se posicionan en contra del docente. Así, el caso llega al equipo directivo, el cual no solucionará el problema. No puede, porque tiene el verdadero origen en el ámbito familiar. Por lo tanto, normalmente, lo sortea cogiendo el atajo que más le conviene: haciendo claudicar al docente.

Ya hace años que, en los centros, ante cualquier discrepancia, predomina la política que prioriza la posición favorable a las familias.[10] Se trata de prevenirlas de cualquier disgusto para evitar que se genere alarma social. Tendencia acentuada desde la existencia de las redes sociales. El motivo es que los conflictos perjudican el prestigio y, por lo tanto, los intereses electorales de los cargos electos del mundo educativo, desde el equipo directivo hasta el cargo de consejero.

Estas decisiones aparcan el conflicto, a cambio de retroalimentar la sobreprotección y de duplicarla: la actitud del alumnado sale reforzada, y queda sobreprotegido en casa y en el centro educativo.

El fenómeno se expresa con mayor intensidad cuando los progenitores están separados y sufren desavenencias graves. Habitualmente, compiten, el uno contra el otro, por aumentar la confianza del hijo y erosionar la que pueda existir, con el otro miembro de la pareja.

En este caso, el docente actúa de enemigo exterior, que permite estrechar el vínculo interior. Estrategia muy conocida en el ámbito político. Esta situación deriva en una carrera, entre los progenitores, para ver quién se posiciona con mayor firmeza en contra del malvado docente y en defensa del estudiante.

«Si no quieres problemas, apruébalos a todos»

El título que encabeza esta columna suele llegar al oído de los docentes por dos vías. Una, por los otros docentes, en forma de consejo pedagógico o «vital». Y la otra, por parte del alumnado. En este segundo caso, es más frecuente en forma de amenaza, que de sugerencia piadosa.

Haber rebajado el nivel de exigencia en dos cursos, respecto a dos décadas anteriores, ya no es suficiente para que el alumnado apruebe.[39]

Sin embargo, suspender a un estudiante es prácticamente imposible.

Por un lado, la avalancha de burocracia que comporta invita a desistir.

Por el otro lado, la intervención de los padres, a menudo con la complicidad del equipo directivo, que suele consistir en la amenaza de llevar el caso a Inspección, provoca que la inmensa mayoría de los docentes acaben para renunciar, y aprobar a todo el mundo. Es el que ya se conoce como el «aprobado del miedo.»[27]

Así, pues, ¿cómo puede ser que continúe existiendo un fracaso escolar tan elevado? Muy sencillo, solo suspende el alumnado que, en el centro educativo, es una auténtica «estatua viviente» y, por desgracia, es muy numeroso. Aunque, si los padres presionan, como se ha mencionado antes, incluso en estos casos, el hijo sobreprotegido, seguramente, también acabará aprobado.

De este modo se ha conseguido el objetivo perseguido: mejorar las estadísticas del fracaso escolar, aunque continúa siendo de los más altos de Europa.

Por lo tanto, con esta estrategia «todo el mundo» sale ganando. El alumnado, los padres, el equipo directivo, y la Consejería. Los docentes, también, en teoría. Porque, a pesar de haber sido desautorizados, les dicen que, aun así, no se preocupen, que a final de mes van a cobrar lo mismo.

Finalmente, cuando lleguen las pruebas internacionales, PISA, PIRLS y TIMSS, habrá que aparentar extrañeza e incredulidad por los vergonzosos resultados conseguidos.[39]

Bienvenidos a la tiranía del alumnado[58].

Las pantallas

El mal uso de los dispositivos electrónicos en los centros educativos, sobre todo del móvil, ha generado una oleada reaccionaria en contra del empleo de la tecnología con fines educativos.

El ordenador o el móvil a menudo se han utilizado para entretener[3] al alumnado que distorsiona. Otras veces, el alumnado pierde el tiempo buscando en internet y acaba por ir tan perdido que, en el mejor de los casos, ya no sabe qué hace.[30] Situación muy frecuente en determinadas metodologías consideradas modernas.

Sin embargo, el ordenador[4] puede ser de gran ayuda al profesorado. En opinión de Escuela Virtual, el ordenador es una libreta o cuaderno de actividades, moderna, con capacidad de respuesta, entre otras muchas virtudes.

Obviamente, desde este punto de vista, la tecnología libera tiempo al docente, porque ayuda al proceso de regulación. Entonces, dispone de más oportunidades para dedicar a los alumnos que se encuentran con una dificultad que requiere su atención.

Para que el ordenador sea utilizado con este objetivo, el acceso a internet tiene que estar restringido.[34] Los alumnos solo tienen que poder acceder a las páginas que le interesen al docente que sean visitadas, y las actividades, que los estudiantes desarrollen, tienen que estar perfectamente guiadas.

El móvil no puede acometer esta finalidad porque no puede controlarse tan fácilmente. Aparte, las dimensiones reducidas de la pantalla dificultan trabajar cómodamente.

Pantallas y miopía

La OMS pronosticó que la mitad de la población mundial sufrirá trastornos visuales en 2050. El más frecuente será la miopía.

Este defecto visual se debe a que nuestros ojos están diseñados para mirar lejos, y pasamos demasiado tiempo mirando de cerca.

Por lo tanto, el problema no es trabajar con las pantallas del ordenador —la distancia es la misma que a la hoja de papel—, sino el tiempo que se pasa mirando a esta distancia.

Ciertamente, este tiempo ha aumentado a causa de la adicción a los móviles, puesto que antes los alumnos no eran adictos al papel.

Para intentar paliar esta situación, los oftalmólogos recomiendan seguir la norma 20/20/20: descansar cada 20 minutos, mirando a 20 metros de distancia durante 20 segundos.