Familias
«El mejor regalo que una familia puede hacer a sus hijos es una buena educación»
La sobreprotección
En la bibliografía se ha documentado, extensamente, este fenómeno. Igualmente, en varios, apartados se han comentado las consecuencias negativas que provoca a la docencia. Por este motivo, se solicita a las familias que pongan atención en la educación de los hijos, en relación con los centros educativos y los docentes.
Nadie discute que las familias se preocupen, obviamente, por la educación de sus hijos, también en los centros escolares. De hecho, no se preocupan lo suficiente.
El que sí se cuestiona es la forma y los motivos por los cuales, habitualmente y, casi exclusivamente, se manifiesta esta preocupación: la presión para subir las calificaciones y posicionándose a favor del estudiante, ante cualquier adversidad, sin consultar previamente. Los docentes no son adversarios, y mucho menos, enemigos de los estudiantes.
Hay otras características, típicas de la sobreprotección, que interfieren negativamente en la relación con los docentes y la enseñanza, porque conducen a frustraciones que no toleran.
Entre las más comunes se observa que, después de la última advertencia, suelen creer que hay infinitas oportunidades adicionales. Además, tienen por costumbre pensar que las opiniones, decisiones, etc., de los docentes son variables como las de sus progenitores. Es decir, que en función de la insistencia, estas pueden recaer hacia el lado favorable a sus intereses.
Por otro lado, no es adecuado hablar mal de los docentes ni desautorizarlos, en presencia de los alumnos, aunque hubiera motivos sobrados para hacerlo. Como tampoco hacerlos partícipes en conversaciones, referentes a la educación, y seguramente a otros muchos temas, por los cuales no tienen ni la formación ni la madurez suficiente.
Así pues, instamos a los padres y madres a dialogar sobre cualquier malentendido, o desavenencia, con las personas adecuadas, antes de posicionarse. Y, si es posible dejar de sobreproteger a los niños y adolescentes para no reproducir, infinitamente, las «generaciones de cristal».[21]
«No explican»
Se ha llevado a cabo un gran esfuerzo para introducir nuevas metodologías en la enseñanza.
Algunos docentes, conscientes de la necesidad de adoptar las que cuentan con mayor solidez y evidencias, se han formado y continuarán haciéndolo, porque saben que los conocimientos nunca serán suficientes.
Sin embargo, su transferencia a la práctica de la enseñanza, no está exenta de obstáculos.
La rotura con la tradición que, a menudo, todavía mayoritariamente perdura —la «clase magistral— crea reticencias en el alumnado, acostumbrado a permanecer como un ser pasivo en el aprendizaje. Avezado a fingir que escucha la explicación interminable del docente, mientras su mente aprovecha para viajar a su mundo o, hasta no hace tanto, a entretenerse con el móvil.
Así, el cambio de metodología, en la cual el aprendiz es un sujeto activo, significa que el estudiante tiene que estar trabajando en aquellas actividades que el docente ha preparado, para que aprenda aquello que este le quiere enseñar. A partir de aquí, le surgirán dudas y cometerá errores, en los cuales recibirá pequeñas ayudas y explicaciones, para superarlas y corregirse. Es el proceso conocido como regulación.
Entonces, esta metodología aparece como una molestia. Los estudiantes ya no pueden dedicarse a sus asuntos o al móvil y, además, les supone un esfuerzo, que no están habituados a realizar. Situación que se agrava cuando solo la desarrolla una minoría de docentes del centro o, a menudo, uno solo, que ha decidido apostar por el cambio.
Como debéis de suponer, las «molestias» se convierten en quejas contra los docentes «innovadores» que llegan al equipo directivo del centro y a las familias, habitualmente expresadas con la exclamación: ¡»el profesor no explica»! A partir de la cual se generan los malentendidos y actuaciones entre docentes, familias y centros educativos, largamente comentados en estas páginas.
Por lo tanto, no es extraño que muchos docentes desistan de llevar a cabo «nuevas,» o mejor dicho, otras metodologías. Además, estas comportan más trabajo y sacrificio por parte del docente, que la tradicional clase magistral, la cual no suele ser ningún problema. A excepción de que los estudiantes no aprenden, como demuestran, una y otra vez, las pruebas internacionales. Pero esto parece ser lo de menos.
